domingo 5 de julio de 2009

PACHO

20090316006 Hoy hace 33 años que dejé de fastidiar con la cantaleta de “¿Y cuándo nace mi hermanito? ¿Ya mero llega mi hermanito?”. A partir de ese momento, el fastidiado fuiste tú, que tuviste que soportar una hermana encimosa y demasiado cariñosa que no tenía ojos para otra cosa.

No sé de ninguna otra relación fraternal como la nuestra, tan invadida de cariño, de afinidad, de solidaridad y de ayuda mutua verdaderamente desinteresada. Y, desde la distancia, en un día tan especial y tan grandioso, después de 7 años y sin ser millonaria, es difícil lucirse con un regalo.

Así que simplemente te recuerdo y te reitero, que eres la persona más importante de mi vida, al lado de aquél con quien comparto mis días, que te sigo queriendo todo lo que es posible querer a un hermano, y que espero que pases el mejor de los cumpleaños.

Tu hermana que te adora, desde el futuro, =P

Ana.

P.D. Estas son las mañanitas que cantaba el rey David…

miércoles 1 de julio de 2009

HISTORIAS DE LA PELU

Peluquero

No entiendo por qué, pero aunque aparentemente me hacen lo mismo que a muchas otras clientas, el caso es que yo siempre llego a primera hora y me voy casi al último.

Y mientras estoy ahí, esperando a que transcurra todo el proceso (tinte, mechas, tratamientos, peinado, etc.) veo un montón de historias. La última vez, una niña grande (como del tamaño de una adolescente, pero con cara y actitudes de niña) que estaba sentada a mi lado, lloraba desconsolada por el corte que le estaban haciendo. La verdad es que el que traía no estaba nada mal. Y el que le hicieron tampoco (no había demasiada diferencia entre uno y otro), pero ella lloraba de impotencia mientras su madre le repetía, una y otra vez, que estaba muy guapa. Y yo sigo sin entender esa actitud tan común en las madres de gobernar a sus hijos en la apariencia que ellos tienen, llámese ropa, corte de cabello, zapatos, etc. Es decir, mientras no salgan con una cresta en plan punk, o con querer usar Dolce & Gabana o Armani (que el gobierno les mantenga el buen gusto, no te digo???), yo creo que se vale respetar el gusto de los hijos, sobre todo porque son ellos quienes van por ahí con su propia apariencia.

Mientras me lavaban el cabello pude oír las viboreadas de unas alumnas (en concreto, las de la que me lavaba a mí) hacia otra alumna. “A” decía “Fulana se ha echado novio, lo sabías?”. “B” contestaba “Bah! Eso es mentira!!”.

A: “Pero si ha enseñado fotos y todo!!!”

B: “Yo también tengo fotos de tíos, eso no prueba nada”.

A: “No, pero sale ahí con el tío, en Portugal”.

B: “Yo también tengo fotos con amigos. Es lo mismo. Se lo está inventando…”

A: “Pues mira cómo camina, con esos aires de suficiencia!!! Si se cree lo máximo!!!”

Cierto es, que la criticada en cuestión camina como muy dueña de sí misma. Es guapa, delgada y parece bastante operativa, aunque creo que nunca me ha atendido ella, contrario a la que la criticaba, que me ha atendido dos veces y la verdad es que algo de reservas sí que le tengo. Es muy descuidada y le falta poner atención en los detalles. Una vez ya me tuve que repetir las mechas porque no me gustó cómo me las dejó. Y la última vez en concreto, por dar un ejemplo acerca de “los detalles”, le pedí que me limpiara el tinte de las orejas y al final me tuve que dar yo misma con la capa porque me dejó ahí la manchota. =(

Una de las monitoras llevaba el meñique izquierdo vendado. Me contó que se cortó en su casa, con un “cortafiambres”, que es un aparato como el que tienen en los supermercados para cortar jamones y embutidos en general. O sea, que un cortazo en condiciones. Y estaba sola, la pobre. Le tuvo que llamar a su mamá para que la recogiera y la llevara a urgencias. Se cortó también la uña y era lo que más le dolía. Y se volaba el vendaje con las tijeras al cortar cabello y no podrá aplicar ningún producto durante más de una semana, por aquello de la higiene de la herida.

Y esto es un resumen, porque ahí había un gentío…

Un besito a l@s que son peluquer@s. Dos a l@s que son clientes. Tres a quienes están aprendiendo, para que pongan más atención en los detalles. =P

jueves 14 de mayo de 2009

SAGRADITUD

libros-amontonados Últimamente leo mucho. La literatura se ha convertido en mi único vicio. Y, al leer mucho, se lee “de todo”. O sea, por mis manos han pasado libros buenos y libros malos. Don Stephen King opina que, como escritor (que todavía no lo soy “formalmente”) se aprende más de los libros malos que de los buenos. Yo todavía no sé de cuáles se aprende más. De momento sólo sé que los libros malos dan esperanzas. Uno se dice “si alguien fue capaz de publicar este bodrio, lo que yo escriba tiene algunas esperanzas”. Los libros buenos, en contraparte, desaniman. Porque, evidentemente, uno es consciente de que no está a ese nivel.

Como ya me di un buen atracón de libros “de vicio”, es decir, de esos que uno lee por puritito entretenimiento pero que no aportan una calidad literaria extraordinaria en sí, ahora puedo dedicarme con más tranquilidad a libros de más envergadura. Y, aprovechando además la coyuntura de que les ha dado por publicar los libros de Don Gabriel García Márquez en versión económica y manejable (esa es una de las razones por las que prefiero las ediciones Debolsillo, aparte de por el precio, porque se leen más a gusto, sobre todo alguien como yo, que tiene manos pequeñas), empecé a cultivarme un poco con lectura “de altos vuelos”, con El Amor en los Tiempos del Cólera.

Como buena atea, considero que las cosas sagradas producen más conflictos que satisfacciones. Sin embargo, como ser humano, creo que me es imposible evitar el tener ciertas cosas sagradas en mi vida, o que al menos tienen una cualidad o valor similar a lo que los religiosos consideran como sagrados (porque hablando en términos llanos, es evidente que ninguna de mis pertenencias es sagrada). Mi osito de peluche, por ejemplo, es una de esas cosas. Tiene casi 24 años conmigo y duermo con él todas las noches. Siempre he pensado que si se produce un incendio y hay que salir corriendo, iría corriendo a buscarlo antes de huir…

En el caso de la literatura, libros como los de Don Gabo también son sagrados. En mis manos está un ejemplar de alguien que tiene un premio Nobel, y que escribe en papelitos aquí y allá, y que tiene una secretaria que le pone en orden en una máquina de escribir (no sé si ahora usará una computadora) todos esos papelitos que él va produciendo. Y, mientras voy leyendo, me pregunto cómo es posible que alguien pueda escupir semejantes historias, tan llenas de sustancia, escribiendo en papelitos…

Me hace falta un diccionario para leerlo, porque me encuentro con un montón de palabras que no conozco. Pero como no tengo un diccionario para ponerlo en el buró, junto a mi cama, que es donde leo casi todo lo que leo, pues me quedo con la duda. Con algunos libros suelo anotar en las últimas páginas la palabra que desconozco y la página en la que está, de manera que luego voy y las busco y las vuelvo a poner en su contexto. Pero los libros de Don Gabo son tan deliciosos que en la primera lectura no se me antoja ni siquiera anotar las palabras, por no profanar sus libros. Y anotarlas en otra libreta implica ya demasiada distracción de la historia. Así que seguramente se quedarán pendientes para una segunda vuelta, si es que se llega a dar (nunca he leído ningún libro más de una vez).

Y aunque disfruto mucho con la lectura hasta el momento, no puedo evitar sentirme un poco profrana, de estar leyendo algo que es sagrado. Pero soy bien macha y me aguanto. Al final, quienes publican libros lo hacen con la intención de que alguien más los lea, da igual quién. Supongo…

Un besito a los que leen. A los que no, un coscorrón! Ji ji ji… =)

lunes 30 de marzo de 2009

CELEBREICHON

El resto de la semana pasó entre más compras, convivencia con mi madre y salidas ocasionales con mi mejor amigo, Frank, a quien encontré recuperado y reencontrado, tal y como lo recordaba yo de aquellos buenos tiempos en la universidad. Fue muy agradable tratar con él como en aquellos tiempos e incluso prefabricar algún proyecto para hacer cosas juntos.

Frank & Me trazos

El fin de semana lo pasé mayormente con mi hermano, a quien adoro y veo poco. El domingo, mi tío Enrique lo invitó al estadio. Jugaban las chivas contra el Atlas (“Aclas”, pa’ los compas) y mi hermano medio aceptó. Y como estaba yo ahí, medio me invitaron también, por no dejarme de lado. Así que yo dije que si iba Pacho (denominación usada por mí para referirme a mi hermano) también iba yo. Ergo, mi tío fue y medio compró los boletos, medio volvieron a la casa a recogernos y medio fuimos al partido, lo que indignó a mi tío, que nos reclamó que nos pasamos todo el partido platicando y no hicimos caso de lo que ocurría en la cancha, aunque sí recuerdo que le sacaron tarjeta roja a un portero, pero no sabría decir de qué equipo era... Sin embargo, yo opino que menos mal, porque los que pusieron atención salieron encabronados del estadio, mientras que mi hermano y yo salimos contentos de haber pasado un rato agradable y necesario de conversación seria y anhelada, después de tantos años de vivir lejos el uno del otro.

Durante el partido nos chutamos unas buenas chelas (tenían Indio, para que no se note la miseria y en mi honor, ya que es mi cerveza favorita) y unas palomitas con chile:

Palomitas con chile

Al final volvimos a casa de mi madre a cumplir con la cita obligada de campeonato de Disparates, un juego que ya no existe y que no somos los únicos que hemos buscado, según se desprende de algunos foros de juegos de mesa que pululan por la red. El juego en cuestión trata de que uno lee una palabra que viene en unas tarjetas que se incluyen en el juego y todos tienen que inventar una definición (son la gran mayoría palabras muy raras que nadie conoce y ese es el chiste del juego). Así que al final de cada ronda hay una gran dosis de risas y carcajadas al escuchar todos las diversas y creativas definiciones de los demás, y tener que votar por la que creemos es la correcta. En realidad, por eso jugamos todos a ese juego cada vez que nos juntamos: porque es el mejor pretexto para echar todas las carcajadas que no echamos el resto del tiempo, al estar todos esparcidos por la geografía mundial…

Al día siguiente tocaba la multicitada celebración. Se juntó un buen de gente. Entre todos, éramos como 16, incluida la festejada. Le dijimos a mi tía que no se preocupara por la comida, que ya nos apañaríamos entre todos para encargar algo o para ir a comprar algo. Ni puto caso. Al final nos agasajó a todos con unos tacos de pollo al pibil y de frijoles que estaban buenísimos. La celebración estuvo bien. Echamos unas risas, los enemistados estuvieron cordiales y simpáticos y no hubo ninguna situación incómoda, cosa rara en la familia en los últimos tiempos. Lo único que no terminó de encajar es que la festejada estaba en la cama y los celebrantes afuera. El cuarto de mi abuela es muy pequeño para albergarnos a todos y a poco de estar varios ahí aquello empezaba a convertirse en un baño turco. Mi abuela de repente llamaba a “las mujeres” o a fulano o a sutano. Aquello era como una película del Padrino, pero en versión pueblerina. La cosa es que no podíamos estar todos ahí, aparte de que la comunicación con ella tampoco es muy fluida que digamos. No ve, casi no oye y tampoco se le entiende muy bien cuando habla, con lo que hay que gritarle varias veces quién es la persona que está con ella en cada momento.

Celebreichon abueleichon

Así que la fiesta al final estuvo afuera, en la sala, que fue en donde las conversaciones simultaneas y diversas fluyeron como en los mejores tiempos. Incluso un invitado que no está acostumbrado a la manera de ser de la familia en algún momento hizo el comentario de que no se entendía lo que ahí se decía, porque hablábamos todos al mismo tiempo, a lo que yo contesté que ocurre que con una sola conversación nos aburrimos todos. =P

En fin. Fue grato convivir de nuevo con la familia y poner a trabajar mi agilidad mental como en los viejos tiempos. Lo más duro fue despedirme de mi abuela por última vez. Porque de verdad esta vez sí que me llegó ese mensaje. Mi abuela me dio su última bendición larga, esa que siempre le da a la gente que se va lejos y que yo, pese a ser atea recalcitrante, recibo con mucho cariño, porque es su manera de decirte que te quiere, que eres importante para ella y que espera que regreses con bien, cuando sea que eso vaya a ocurrir. Aunque la próxima vez ella ya no esté ahí para verlo…

7 años llevo despidiéndome de ella “for good”, y ésta fue la primera vez que se me hizo el nudo en la garganta. Aunque, para ser sincera, el proceso ha servido para que me haga a la idea de la manera más suave y cómoda, de un proceso que al final es natural e inherente a todos los seres vivos de este planeta. Bueno sería poder despedirnos tan largo y tendido de todas las personas a las que queremos y que son importantes para nosotros, y estar seguros y satisfechos de que el ciclo se ha cumplido y de que aquella persona que se va no deja nada pendiente ni sin hacer. Tardé 20 años en despedirme de mi padre, después de muerto. 7 años despidiéndome de mi abuela, estando ella viva, es un gran regalo de la vida que agradezco intentando sufrir lo menos posible por todo lo que ello conlleva. La vida es demasiado corta para invertirla en llantos por las pérdidas que vamos sufriendo.

He vuelto a Vitoria con la novedad de varios días seguidos de sol, aunque sigue haciendo frío. Apenas es marzo y aquí con suerte pasas algo de calor en julio y agosto. Y ya. El viaje de regreso también sin incidentes y con 3 asientos pa’ mí solita. Todo un lujo pa’ cruzar el charco y en un avión que siempre intentan llenar pa’ que salga rentable. La ventaja de no pasar muchos días en México es que a la vuelta te cuesta mucho menos hacerte de nuevo al horario ibérico.

Un besito a los que tienen abuela. Dos a los que la visitan con regularidad. Tres a los que ya pasaron el mal trago de despedirse de ella…

miércoles 25 de marzo de 2009

CRÓNICAS TAPATÍAS

Casa Da'Mamasa 20090318 Una de las primeras cosas que se notan al estar en la ciudad es la contaminación. Las manos se ensucian constantemente y el cabello no dura limpio más de 1 día. Además, se advierte una mancha de un tono café con leche que circunda la periferia por arriba de los edificios, y el cielo es de un gris desteñido y no azul. Por otra parte, la luz en Guadalajara es mucho más abundante que en Vitoria. El hecho de que el sol esté completamente cenital sobre nuestras cabezas o no, se nota un webo. Aunque usted no lo crea… Aparte de esas diferencias extremas y sutiles de Guadalajara vs. Vitoria, mi estancia en suelo tapatío transcurrió de manera por demás feliz.

El primer día desperté antes de las 6 de la mañana, y eso que me había acostado más bien tarde, entre la llegada, un poco de desempacar regalitos, la puesta al día con mi madre, y todos los etcéteras implicados en el regreso al hogar materno después de casi 3 años desde la última visita.

Bajé desde mi cuarto hasta la cocina unas 4 veces antes de por fin oír que el despertador de mi madre sonaba. Fui presurosa a su encuentro, mientras ella se hacía la remolona. Puse los brazos en jarras y le espeté: “Bueno, pues!!! ¿A qué hora se levanta la gente en esta casa?”.

Cuando estuvo lista la llevé a su trabajo y luego me fui de compras. La ciudad ya no es la que yo recuerdo. Con relativa frecuencia tengo sueños en los que aparecen diversos lugares de cuando yo vivía ahí, pero muchos de ellos ya no son como los sueño. Hay otros edificios, otras casas y otros pasos a desnivel.

Tuve oportunidad de conocer un nuevo centro comercial que se entiende como muy fresa (pijo, pa’ los locales ibéricos) y que está en medio de una zona que parece el World Trade Center latinoamericano, con varios edificios altos, que seguramente no llegan a rascacielos pero que por intentarlo no quedan. Se llama “Andares” (si hasta parece nombre de centro comercial fresa chilango y todo!!!) y está invadido de tiendas españolas. Casi todo el repertorio de grupo Inditex, al que sigo teniendo vetado por el asunto aquél de las bragas, estaba presente en una amplia zona del recinto, más Sfera, Tous, Dione y otras marcas conocidas. Y tenían los precios españoles, claro, lo que en pesos significa un montón de dinero.

Y no sólo en el ámbito de la moda está presente España. También la podemos encontrar en el supermercado, con productos culinarios adaptados al gusto local como éste:

Tortilla con jalapeño 

Me imagino que para más de algún ibérico la tortilla ésa será un poco sacrílega. La verdad es que no la probé, porque mi agenda culinaria estuvo más bien apretada, pero por sacar la foto no engorda una, así que ahí está.

Después de hacer mis primeras compras (algo de despensa de cosas que no quise cargar en el viaje, y algún vicio que se me pegó por ahí) volví a la casa, dejé la despensa y me enchufé al ordeñadó, para ver si mi puchunguito había sobrevivido a mi ausencia. Parecía que sí, aunque no sin esfuerzo. Después, durante el transcurso de la mañana, me cayó el veinte de que se me había olvidado darle propina a la mujer que me empaquetó las cosas en el súper. Oh! Mala mujer que llega por aire desde las Iberias, acostumbrada a reclamar hasta el último céntimo de los cambios y a que la propina ya no se lleva!!! Total, que sabiendo como sé, que las personas que trabajan ahí no cobran más que las propinas de la gente, volví al súper en cuestión y le di una propina más gorda de lo habitual, de puro remordimiento. No sé si es habitual que la gente “se olvide” de dar propina, pero la mujer ya ni se acordaba de mí, y eso que no habían pasado más de 2 horas… =/

Luego ya fui a recoger a mi madre a su trabajo para irnos a comer. Me estrené con el sushi. En Vitoria no hay, excepto una pequeña muestra en un restaurante chino de buffet que hay en el Bule y que no tiene nada de extraordinario, así que me supo bien probar un sushi preparado con esmero.

En la tarde me puse de acuerdo con mi prima, Alejandra, para ir a saludar a mi abuela. Al final, más o menos a eso iba: a celebrar su cumpleaños 102. Como el helicóptero estaba descompuesto tuvimos que ir a Zapopan en coche, lo que nos llevó más de lo que yo recordaba que costaba ir, dado que fui recibiendo instrucciones del tipo “métete por aquí, y ahora por acá, porque está todo escarbado”. Al final, la ruta de siempre era la mejor, por las avenidas, aunque hay que dar un rodeo de todos modos. El Hache Ayuntamiento de Zapopan ha tenido la brillante idea de peatonalizar toda la cabecera municipal y pretende obligar a TODOS sus vecinos a que dejen sus coches en el estacionamiento de la Basílica, pagando, por supuesto.  Pero no es una peatonalización total, sino que simplemente harán las banquetas (aceras en España) más grandes, eliminando los lugares que antes de la obra había para estacionarse. Con lo cual, lo único que hacen es fastidiar a la gente impidiéndole que se acerquen a casa en coche, sin poner una solución realista y suficiente al asunto del estacionamiento. Porque la cabecera municipal abarca varios kilómetros que se alejan de la basílica. Ya quiero ver lo que opinan quienes viven a más de esa distancia… En fin. Si los propios ciudadanos no protestan, ¿yo qué voy a hacer? La gente sigue acostumbrada a tener esa actitud agachona y sumisa de siempre, mientras los políticos, gobernantes y poderosos se sirven de las arcas públicas cada vez con más descaro y gandallez y, cuando trabajan “en pro del pueblo” lo hacen como les sale de la seta.

Después de varias vueltas y viajes en reversa al encontrarnos con varias calles cerradas y sin señalizar, conseguimos llegar a casa de mi tía Catalina, que es en donde vive mi abuela. Mi tía se había ido a misa, así que sólo estuvimos un rato con mi abuela y con la mujer que la cuida en las tardes, porque mi abuela no estaba como muy despierta que digamos. Ya sólo la sientan un rato al día, para comer, y el resto del tiempo está en su cama, tapada porque siempre está fría. Le fallan ya un algunos órganos, pero ahí sigue, aunque la opinión general, incluida la mía, refiere que no aguantará otro año más. La mujer está en los huesos. Si le pones la mano sobre la cadera, incluso a través de las cobijas, puedes adivinar perfectamente su anatomía ósea, lo cual es bastante impresionante.

Cuando volvimos a casa de mi madre le cayó otro de mis primos, Poncho, que además tuvo la amabilidad y el buen tino de haber ido por mí al aeropuerto el día que llegué, sobre todo porque a mi madre se le hizo tarde. Así que gracias a él tuve una cara familiar esperándome al otro lado de la puerta del aeropuerto. =)

CONTINUARÁ…